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Una noche

el 15 octubre, 2016 en Relatos

Emilia caminó hasta el dormitorio para encontrarlo oscuro y un poco de frío. No podía ver la cama ni el escritorio, pero vio un atisbo de la luz por entre las cortinas cerradas.

-¿Marcos? ¿Dónde estás? –Preguntó.

Al no obtener respuesta, se se adentro en la habitación con pasos lentos. La puerta se cerró detrás de ella con un golpe seco que la sobresaltó. Lanzó un pequeño chillido por el susto, y de repente sintió unas manos en sus caderas, manos fuertes, que ella reconoce y que la empiezan a recorrer suavemente. De repente, las manos frenan y la toman delicadamente y la tienden en la cama en silencio.

-Me asustaste, tonto –dijo con una sonrisa sensual. Después Marcos se coloca encima de ella y Emilia se deja dominar.

El tiene una sonrisa dibujada en su rostro, se inclina hacia abajo para capturar sus labios. Ella lo besa, envolviéndolo con sus brazos y piernas por la espalda. Él hizo un movimiento hacia atrás, sin soltarla sin embargo, y ella levantó una ceja, suspiró exasperada, y bajó sus brazos y piernas deshaciendo el abrazo. Él sonríe triunfal y le agarra las muñecas en una mano, tirando de ellas por encima de la cabeza y la comienza a besar a lo largo de sus brazos, haciéndola temblar.

Marcos le desliza sus dedos bajo la base de su camisa desabrochándola con maestría y se la quita suavemente. Se inclina nuevamente y la besa en el cuello hasta llegar a su oído y le susurra,

-Te quiero

Sus dedos ahora acarician la piel desnuda de su estómago y ella geme feliz. Ella elevó en las cadenas, pero Marcos no le hace caso. Emilia quiere poner sus brazos alrededor de él, pero Marcos le mantiene sujetos su brazos por las muñecas y no la deja Él la recorre con su boca de nuevo, suavemente, desde el cuello hasta el estómago. Luego desliza sus dedos hacia abajo, a la cintura de sus pantalones vaqueros, moviendo su mano hacia adelante y hacia atrás a través de sus caderas. Ella gime, y se retuerce de placer.

Por último, con habilidad desabrocha el botón y baja el cierre, luego tira de sus pantalones vaqueros y los desliza hacia abajo para descubrir sus piernas, besando cada centímetro de su piel a medida que queda expuesta. Besa todo el camino de regreso hasta sus labios, en los que se detiene para saborearlos profundamente durante unos segundos antes de que ella cierre los ojos en señal de total sumisión.

Marcos se separa, con una lentitud casi dolorosa  y se desliza hacia abajo para saborear su cuerpo. Todas las terminales nerviosas de ella se sensibilizan y una descarga eléctrica la recorre hasta hacer un estallido por debajo del ombligo. Las manos recorren ansiosas sus cuerpos, adaptándose a cada curva como si hubieran sido moldeadas para ello. La mente se les nubla y el mundo desaparece alrededor suyo, solo existen ellos, sus cuerpo y el deseo de estar unidos.

Marcos se sube encima suyo y con delicadeza le separa las piernas para poder situarse entre ellas, automáticamente la cadera de Emilia se eleva para poder recibirlo en su interior. La habitación parece de fuego, y  Emilia y Marcos se dejaron envolver en ese infierno mientras hacen el amor. Marcos regula sus movimientos para alargar lo máximo posible el momento de placer.

Los brazos de Marcos se metieron por debajo de la espalda de Emilia para envolver sus hombros con las manos. La respiración se les va haciendo cada vez más rápida mientras dan las últimas embestidas que los lleva hasta el momento del clímax en un estallido de sensaciones y placer.

Sus ojos se cierran, mientras aun siente como ella esta temblando ligeramente bajo su cuerpo. Ella entreabre suavemente los ojos y le besa los labios suavemente. Marcos besa su cuello hasta su oído y le susurra,

-Te Amo.

Por: Graciela Susana López.

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